domingo, 2 de febrero de 2014

Opina Elizabeth Bowman


DEFENDIENDO UN ESTILO



Hoy en día parece que todo el mundo, si no una amplia mayoría, se ha sumado al imparable boom de la erótica. Desde que surgieran las Cincuenta Sombras de un jovencito millonario llamado Christian Grey parece que toda novela catalogada como romántica debiera incluir en sus letras escenas de sexo explícito, o en su defecto muy subiditas de tono, a riesgo de parecer lineal, sosa y aburrida.

Veamos; yo crecí y evolucioné como escritora abrigada por los grandes clásicos de la literatura, en especial por aquella literatura mágica y elegante que nos regalaron los maestros del XIX. La mayoría de estos clásicos ya los había releído un par de veces en edad escolar e incluso fascinaba a mis profesores recitándoles de memoria párrafos enteros. El Orgullo y Prejuicio de Jane Austen lo leí por vez primera con doce o trece años y en su versión original, precisamente en una de las clases de inglés. Desde entonces tuve claro que si un día tenía la suerte de poder compartir mis propias historias con el mundo lo haría siguiendo la estela de estos grandes maestros que en su momento marcaron y definieron mi posterior estilo literario.

Y a pesar de que me lancen toneladas de artillería por todas partes, de que me critiquen y me tachen de cursi, sentimental y aburrida, a pesar de que soy consciente de que mis letras adolecen quizás de un exceso de retórica, almíbar y sentimentalismo por doquier, siempre defenderé este estilo literario por encima de todo lo demás pues es el estilo que me vio crecer y el que mejor se ajusta para describir mis sueños y mis historias.

Defiendo las novelas blancas en las que no hay escenas de cama (haberlas haylas, pero su resolución queda para la aguda mente del lector y no para la pluma de esta que suscribe), defiendo las novelas en las que resulta fácil trasladarse a una época y a un lugar remotos gracias a las precisas descripciones del autor. Defiendo el amor, las relaciones humanas, la ambientación y la historia por encima de la innecesaria descripción de fluidos corporales, determinadas partes de la anatomía o de la definición de un momento íntimo en el que, bajo mi humilde punto de vista, debiera predominar el sentimiento en sí y no el instinto carnal.

Y sí, en mis novelas hay erotismo, incluso alguna escena explícita puntual (explícita pero siempre sutil). En mis historias el lector encontrará una prosa diferente que sin duda le recordará a los insignes maestros de antaño como Austen, Gaskell, Poe o Bécquer. Soy consciente de que este estilo no gustará a todos, del mismo modo que -de forma incomprensible para mí-, tampoco gustan estos grandes literatos. Pero es mi sello, mi estilo, mi forma de hablarle al AMOR. Y sé que también existen lectores que disfrutan con este tipo de narrativa y argumentos.

Por ello, por ellos, siempre defenderé mi estilo.

4 comentarios:

  1. Desde luego que cada escritor o escritora tiene su estilo y maneras diferentes de plasmar las situaciones, y todas las formas de escritura son respetadas y admiradas ,por lo menos por mi. A mi me encanta todo tipo de escritura. Muy bien Elizabeth.

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  2. Gran exposición Elizabeth, mi enhorabuena. Mi pensamiento al respecto, es que todo autor ha de ser leal a sí mismo, a su estilo, pues es definitorio de lo que alberga en su interior. Escribimos con el corazón, eso es indudable, y a mi parecer, el que escribe siguiendo una moda en cuestión, se equivoca de medio a medio. Nos debemos a nuestros lectores, pero sobretodo a nosotros mismos. Y sí los grandes clásicos siguen siéndolo por algo será. Las modas pasan, la auténtica literatura perdura. Sé fiel a ti misma y siéntete orgullosa de serlo. Un abrazo!!!

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  3. Para gustos existen los colores, y el abanico de lectoras es tan amplio como queramos imaginarlo. Haces muy bien en ser fiel a tus principios y tus gustos, y te aplaudo por ello, pero la erótica no nació con 50 sombras. Antes del boom de este género ya existían autoras renombradas internacionalmente, y cuando el boom desaparezca, seguirá habiéndolas. Lo que quiero decir es que las que usamos escenas subidas de tono en nuestras novelas, no todas lo hacemos por influencia del señor Grey (personalmente, ni la he leído). Antes de la llegada del susodicho ricachón, yo ya estaba harta de leer a Lora Leigh, Maya Banks, Cherise Sinclaire, Jaid Black, Jet Myckles, y otras muchas, verdaderas maestras de la erótica que llevan años y años trabajando en este género. Por eso me molesta (un poco) que se asocie este género sólo con 50 sombras, como si antes no hubiera existido.
    Dejar la parte sexual a la imaginación del lector es tu opción, una opción tan válida como la mía. Y no por escribir escenas de sexo explícito se deja de lado los sentimientos. Hay muchas formas de narrar un encuentro sexual, y cada autora tiene su propio estilo: algunas son más retóricas, otras más directas, algunas les gustan los eufemismos, otras utilizan metáforas... Pero sea cual sea el estilo, los sentimientos de los personajes son importantes siempre.
    Un saludo.

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  4. Gracias a las tres (y sobretodo a Yolanda por permitir que me exprese) por aportar vuestros puntos de vista y por entender el mío, siempre manifestado desde el respeto.

    Un saludo de esta romántica sin remedio

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