lunes, 26 de mayo de 2014

Laura Morales nos presenta "Emergencia de Amor"



Myriam Rodríguez (Mimi) es diseñadora de moda y ha conseguido cumplir su sueño: confeccionarle un vestido de fiesta a su actriz favorita, Charlotte Thorn.

Un día, Mimi sufre un grave accidente de coche al que, milagrosamente, sobrevive. Le dará las gracias al enfermero que le salvó la vida: Gabriel, que no es otro que su vecino,el friki con gafas de pasta. A partir de ese momento surgen los problemas, y también el amor.

Pero Mimi debe viajar a Nueva York por trabajo. Allí se reunirá con la famosa actriz, quien le presentará a Josh Knight, su actor favorito y amor platónico. Josh es un auténtico caballero, atento y simpático, y meterá a Mimi en un buen lío. ¿Volverá Mimi a España con Gabriel? Y, lo más importante…, ¿le contará su secreto?


Booktrailer



Datos del Libro

Título: Emergencia de amor
Autora: Laura Morales
Autopublicación, mayo 2014
Páginas en papel: 202
ISBN-13: 978-1499263190
ISBN-10: 1499263198
Portada: Laura Morales y Carlos Gallego
Corrección: Antonia Cuenca Honrubia

Laura Morales nos presenta su primer libro autopublicado "Emergencia de Amor" donde nos adentraremos en la vida de una diseñadora de modas que después de un accidente, descubre el amor en Gabriel, su vecino friki con gafas de pasta, y tiene que tomar una difícil decisión porque, si tienes al alcance de la mano el amor verdadero y tu amor platónico ¿que puedes hacer? Puedes descubrir más en el Blog Oficial del Libro

Aquí vemos una pincelada...


Aquella mañana Gabriel no estaba de humor. Apenas había pegado ojo por culpa de sus vecinas: un par de brujas solteronas que le hacían la vida imposible. Necesitaba dormir, pues llevaba más de veinticuatro horas trabajando y tenía que descansar, pero aquellas dos insufribles tenían la música a toda pastilla, haciendo que Baloo, su gran pastor alemán, se pusiese nervioso y ladrara sin parar, algo que le molestaba mucho. (...) Se plantó delante de la puerta de sus vecinas y apretó el timbre, manteniéndolo pulsado un buen rato, hasta que las chicas apagaron la radio y una de ellas se acercó a la entrada.

Myriam abrió la puerta sonriendo, pero su sonrisa se desdibujó al ver al idiota de su vecino. Gabriel llevaba el pelo suelto y despeinado. Se había quitado las lentillas y llevaba unas enormes gafas de pasta de color negro. Parecía un empollón. Un empollón demasiado sexy. Llevaba puesto un pantalón de pijama largo y una apretada camiseta blanca de manga corta, que se ajustaba a la perfección a sus definidos músculos. Myriam se quedó embobada por unos segundos, pero enseguida se espabiló.
—¿Se puede saber qué quieres? —preguntó ella, apoyándose en el marco de la puerta mientras escondía su escayola tras ella.
Gabriel la miró de arriba abajo con mala cara, hasta que se detuvo en el pecho de la muchacha. Vestía una camiseta de tirantes bastante escotada y, para colmo, no llevaba sujetador, así que los suaves pezones se marcaban bastante.
Por un instante, se imaginó saboreando aquellos pechos, pero borró de su mente esos pensamientos al notar como lo que tenía entre las piernas empezaba a cobrar vida propia.
—Yo… ¡vengo a deciros que bajéis esa horrible música! ¡Hay gente que necesita dormir después de trabajar toda la noche! —gritó él, intentando evitar mirarla a la cara, pues, si lo hacía, sabía que no iba a ser precisamente a los ojos.
—Lo siento, pero son más de las doce de la mañana, la hora de respetar el horario ha pasado. Además, estoy en mi casa y hago lo que me sale del mismísimo.
—¡Serás…! —se mordió la lengua. Lo hacía para picarle, de eso estaba seguro—. ¡Bah! Sois unas brujas de mucho cuidado. ¡Ateneos a las consecuencias!
—¡Fíjate cómo tiemblo! —Fingió que le bailaban las piernas, cosa que enfadó a Gabriel.
Él se marchó y Myriam cerró la puerta con una sonrisa. Carla, que estaba escondida tras la puerta, se rio, contagiando a su amiga. El chico era un bombón, pero resultaba un poco tonto…


—He de marcharme. Tengo que sacar a Baloo a su paseo diario de por las mañanas...
—¿No desayunas conmigo? —Puso cara de niña triste.
—No puedo negarme a esa carita... —dijo acariciando su cabeza como si se tratara de una mascota.
Entre los dos recogieron el estropicio de la cafetera y tomaron leche con cacao y unas tostadas. Una hora más tarde, él la ayudó a fregar los cacharros. Tanto dinero y no tenía un lavaplatos. El chico la convenció para que se comprara uno, sería mucho más cómodo para ella, sobre todo ahora con la escayola. Incluso se ofreció para acompañarla a adquirirlo.
Gabriel agarró su botiquín y se dirigió a la puerta.
—Gracias por quedarte anoche conmigo —agradeció la chica.
—Ya te dije, princesa, que todas las que tú quieras o necesites. Si te apetece, puedes venir a mi casa y comer con Ari y Miguel.
—No quiero molestar... 
—Que boba eres... No molestas. Así podrías aprovechar y hablar con Ari del trabajo.
—Está bien, acepto tu invitación.
Gabriel se colgó el botiquín al hombro y salió de la casa, pero Myriam lo agarró del brazo. Se acercó a él y lo besó en la comisura de los labios. Entonces, el chico aprovechó para besarla. Ella le devolvió el beso.
—Gabi, Baloo… —dijo sin separar sus labios de los de él.
—Baloo puede esperar…
Myriam tiró de él hacia el interior de la casa y cerró la puerta de una patada, sin dejar de besarle. Gabriel tiró al suelo el botiquín para poder abrazarla con fuerza. Puso sus manos sobre el trasero de la muchacha y la elevó, dejando que ella se enganchara con sus piernas a su cintura, besándola con avidez.

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¡¡Feliz Lectura!!

1 comentario:

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