martes, 17 de junio de 2014

Opina Bela Marbel

MIS NUEVOS ZAPATOS ROJOS


Hace un tiempo me compré unos zapatos rojos que me encantaron y parecían cómodos. Al caminar con ellos me di cuenta de que me hacían daño y por tanto cada vez  me costaba más dar pasos; me puse tiritas, después me gasté pasta y compré de las especiales. A veces es cuestión de tiempo, el zapato cede y el pie se acostumbra, otras en cambio, es mejor cambiar de zapatos... sí, se buscan zapatos rojos.


Hace unos días escribí esto en forma de post en face, y causó más revuelo del que había imaginado en un principio. Recibí privados interesándose por mi persona y circunstancias. Contactó conmigo gente con la que hacía mucho tiempo que había perdido el trato. Mis amigos de la vida no virtual me llamaron por teléfono, mis compañeros de trabajo pensaron que me iba a otro sitio, mi editorial que tenía intención de cambiar, mi marido que iba a dejarlo por otro… y suma y sigue. ¿Y por qué? Me pregunté al principio. Tras hablarlo conmigo misma, llegué a la conclusión de que todos nos sentimos identificados con esta situación. 

Cuando empezamos un proyecto, bien sea profesional o personal, siempre ponemos en él una buena parte de nosotros mismos. Generamos ilusión y expectativas y si las cosas no van como habíamos previsto, nos resulta muy difícil soltar el lastre porque significa dejar morir ese poquito, o ese mucho, que has puesto de ti. Pero cuando los parches no nos dan resultado y el juguete no se puede arreglar es mejor canalizar nuestros esfuerzos en un nuevo proyecto, aprender de los errores que hayamos podido cometer y tratar de no reincidir. 

Los cambios nos asustan, es inevitable y también es bueno. Es el mecanismo con el que nos defendemos, que nos mantiene alerta y nos avisa de las rozaduras que nos pueden hacer los zapatos si caminamos demasiado con ellos el primer día, o si utilizamos zapatos de tacón para pasear por el campo.  

A todos los que os sentisteis zapato, perdonadme, no fue mi intención. Realmente me había comprado unos zapatos rojos que me hacían daño. Sí, me puse una tirita pero no funcionó. Y sí, me compre las famosas, las de la marca que sale en tv, pero siguen dándome miedo. No me los volví a poner. 

¿Alguna vez has sido zapato rojo? 

¿Acaso has experimentado el dolor que dejan sus heridas?

Bela Marbel

1 comentario:

  1. Es frecuente vincularte emocionalmente y cambiar las tornas en algunas situaciones, donde encima que te decepcionan es a tí a quien te sabe mal romper la relación.Eso pasa en muchas situaciones en la vida y conforme creces y maduras te das cuenta que la vida es corta para perder el tiempo con cosas que no te aportan nada y hay que quitarse los lastres para buscar nuevas ilusiones o proyectos.

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