martes, 8 de julio de 2014

Opina Lydia Leyte

De la Cabeza a los Pies


—Hija, si es que pareces Imelda Marcos. 

Esta expresión, entre cómica y criticona, es la que me suele soltar alguna amiga cuando me ve con unos zapatos recién comprados. Ya me gustaría a mí poseer la belleza exótica, y el tipo, de esa señora. Pero no. Mi semejanza con ella no va más allá de mi atracción, casi idolatría, por los zapatos. 

Por si no la recordáis, Imelda fue la esposa de Ferdinand Marcos, un abogado y político que ejerció como dictador en Filipinas desde 1965 a 1986. La señora Marcos fue conocida por sus extravagancias. A costa de los recursos del Estado, adquirió artículos de lujo que rallaban lo fastuoso. Entre ellos, su colección de zapatos. Unos 1000 pares. 

Creo que heredé de mi abuela mi pasión por el calzado. 

—Una mujer —decía— es su peluquero y su zapatero. 

Y con esa frase reafirmaba la teoría de que estabas elegante y digna si llevabas los pelos en su sitio y los pies con un buen zapato. Aunque después te vistieras con un saco de patatas (o casi).

De todas las épocas del calzado, mi favorita es sin duda el siglo XIX, porque es el momento en que se producen hormas asimétricas, esto es, diferenciar el pie derecho del izquierdo, para la mayor parte de la población. Lo que consigue un zapato cómodo y adaptado a los diferentes tipos de pie. 

Cuando leo una novela romántica de Regencia, o victoriana, los ojos se me van a la busca y captura del calzado que usan los personajes femeninos (debo confesar que tanta bota de montar masculina me deja más fría que el agua en el que nadan las focas. Encuentro su mención monótona, repetitiva y sumamente aburrida). Sin embargo, pocas obras se centran en unos zapatos tan coquetos, deliciosos y elegantes como los de estas épocas: delicados y puntiagudos escarpines, botas, slippers de casa o de baile…, fabricados en seda, algodón, lino o piel de cabritilla, y adornados con perlas, cintas, lazos de seda… Con diseños tan actuales, por otro lado. 

En la novela de estos periodos, por lo general las autoras se centran en la ropa. Las vestimentas se convierten en un reflejo del carácter, de la clase social, del comportamiento y actitud de los personajes. Y sin embargo, tener en cuenta los zapatos de las protagonistas ahorrarían cantidad de situaciones imposibles: si una joven huye por el bosque calzada con sus delicados slippers destruiría zapatos y pies en menos de cinco minutos. 

Para terminar, así calzaría yo a Francesca Bridgerton, protagonista exclusiva de El Corazón de una Bridgerton, de Julia Quinn, en uno de sus paseos con Michael Stirling, convertido en conde de Kilmartin de la noche a la mañana:

“—Es como en los viejos tiempos —comentó, poniendo la cara hacia el sol.
Posiblemente acabaría con un horrible bronceado o, como mínimo, con pecas, pero de todos modos su rostro siempre parecería porcelana blanca al lado del de Michael, cuya piel dejaba entrever que acababa de llegar del trópico.
—¿Caminar, quieres decir? —preguntó él—¿O te referías a tu experta manipulación para que te acompañara?
—A las dos cosas, por supuesto —dijo ella, tratando de mantener el gesto serio—. Solías sacarme a pasear muchísimo. Siempre que John estaba ocupado.
—Cierto.”

Y de esta otra forma, en este otro pasaje de la misma novela:

“Francesca se miró el vestido de noche nuevo. En realidad se sentía muy complacida por llevarlo, aun cuando nadie se había fijado en él, aparte de Sophie. Ese matiz de azul era uno de sus favoritos, oscuro, pero sin llegar a azul marino. El vestido era elegantemente sencillo, con el escote ribeteado por una delgada franja de seda azul más claro. Se sentía como una princesa, o como mínimo no parecía una viuda intocable.”


Lydia Leyte

2 comentarios:

  1. Es cierto que a la hora de describir la indumentaria en los libros históricos la mayoría de las veces no se habla del calzado, solo describen el vestido o los adornos del pelo y tal pero no de los zapatos. Aunque a veces hay excepciones, como en "Secretos de una noche de Verano" de Lisa Kleypas, ahí la autora describe que la protagonista no lleva el calzado adecuado para andar por el bosque y le pica una víbora, con lo que el protagonista masculino le regala unas botas y describe ambos con detalle. Un libro fantástico por cierto. Gracias Lydia por dejarnos tu opinión.

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  2. Gracias por permitirme compartir tu blog. Me lo he pasado muy bien escribiendo esta entrada sobre mi artículo favorito: zapatos. Y sí, tienes razón Lisa Kleypas, tan minuciosa y exacta, en sus descripciones habla de los zapatos en esa obra.

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