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lunes, 16 de noviembre de 2015

Sorteo de aniversario "Tu útimo beso" de José de la Rosa



Hoy, día 16, es "oficialmente" el 2º aniversario del blog, pues hace exactametne dos años que publiqué mi primera entrada, una que contaba de una forma un tanto "peculiar" mi día de Sant Jordi... "Un Sant Jordi en la Cibeles".

Para celebrar este aniversario y para daros las gracias por seguirnos vamos a sortear un ejemplar de la última novela de José de la Rosa "Tu último beso" (Titania). además ¡está dedicado por el autor! 

Participar es muy fácil, sólo tienes que hacer lo siguiente:

Deberás leer la presentación que de su novela hace el autor y dejar un comentario opinando sobre lo que dice en ella. Una vez hecho esto, deberéis decir en este post que participáis en el sorteo. (Deja en tu comentario el URL o nombre con el que sigues el blog).

En este concurso pueden participar todas las personas que sigan este blog, y que tengan una dirección física a la que enviar los libros en España. Este concurso comienza hoy día 16 y finaliza el 30 de noviembre (ambos inclusives).

Entre todos los participantes se hará un sorteo y, en esta misma entrada, a principios del próximo mes, se darán el nombrer del ganador quien dispondrá de 2 días naturales, a contar desde el día que se publiquen los resultados de los concursos, para enviar sus datos a nuestro correo regalameromantica@hotmail.com para hacerle llegar el premio. Si pasados estos 2 días no hemos recibido esta información, el premio no adjudicado quedará desierto y se utilizará para realizar un nuevo concurso.

¡¡Muchísimas gracias a José de la Rosa por colaborar cediendo el ejemplar para su sorteo!!


Besooooooooooooooooo!!!


Lista de Participantes:

1. Neftis
2. Ana Mª García
3. Isabel
4. Carmen Quintana
5. Rosana del Rio
6. Elisabet Jiménez
7. Lorena Pérez
8. Lydia db
9. Pimball
10. Elitapowers
11. Rocío dc
12. Fina Andrés
13. Ángela Muse
14. Aida Sg
15. Mónica
16. Rocío Morales
17. Verónica Villar
18. Ana DirtyDraco
19. Sandrus
20. Ampa SF
21. Pili Doria
22. Francisca Isabel Medina
23. Esther Alcaide

NEFTIS


¡Muchas felicidades Neftis! escribe a regalameromantica@hotmail.com y me pones tus datos de envío. A todas muchas gracias por participar!! un beso gordo y felices lecturas navideñas!!

jueves, 12 de noviembre de 2015

José de la Rosa nos presenta "Tu último beso"



Una novela romántica e inspiradora sobre el poder redentor del amor. 

Un clásico del género romántico, con una historia mágica y una ambientación inolvidable. 

Cuando Daniel llega al recóndito valle de Ostara para cubrir como periodista El festival del equinoccio, tiene claro que debe salir de allí cuanto antes. Su verdadera misión no tiene solo que ver con el festival, sino con el pasado oscuro del valle y de sus habitantes. 

Camila es la joven recepcionista del único hotel del pueblo, un rancio recuerdo de su pasado esplendor regentado por su madre, y que tendrá que cerrar definitivamente las puertas cuando pase el Festival, tras más de cien años de servicio. 

Dos personas que jamás congeniarían tendrán que pasar unos días juntos. Ella como anfitriona del lugar e intentando quitárselo de encima, y él con la extraña sensación de que debe huir de ella a pesar de la atracción que siente. Perdidos en un valle encantado, entre la magia del equinoccio y los recuerdos de un pasado misterioso. 

«Tu último beso» te acerca al corazón de los que han decidido no volver a amar, aunque sea una misión difícil de cumplir.

ISBN: 9788416327010 / Páginas: 288 / Precio: 16.00 € 



José de la Rosa acaba de presentar este 2 de noviembre su última novela "El último beso" de la mano de la editorial Titania. Esta vez nos lleva al valle de Ostara, un sitio mágico para enamorarse, donde dos personas muy diferentes se enfrentarán a sus sentimientos. Pero vamos a ver que nos cuenta el autor de este último trabajo... 

Primero, gracias por estar en regálame romántica, es un placer hablar contigo de nuevo y estamos deseando saber más de “El último beso” ¡¡nos tienes totalmente expectantes!! Cuentanos…

¿De dónde sale esta historia?

Desde hacía tiempo quería escribir una historia que tuviera como tema central la redención, pero no encontraba ningún argumento que me convenciera. En una conversación con amigos surgió la idea del “último beso”, ya que pocos son los que tienen la suerte de saber que el último beso que dan a un ser querido lo va a ser de verdad. Y no me refiero a la muerte, sino a una discusión, una separación, un divorcio, etc. Si fuéramos conscientes de que este o aquel beso es el último que damos al ser amado, quizá sería de otra manera. ¿No crees? De ahí surge la novela y de eso trata.

Se presenta como una novela que tiene muchos ingredientes ¿verdad? misterio, magia, amor…. Una historia con muchos matices, ¿te gustan a ti las historias con esta mezcla de ingredientes?

Tú, que sabes lo que escribo, también conoces que no es propio de mí meter muchas cosas en el matraz. Me gustan las historias sencillas con tramas sencillas. Sin embargo este argumento pedía una serie de elementos que lo volvían más complicado, pero creo que permitirán verla desde más perspectivas. Por un lado tenemos el presente de un valle encantado, por otro las entradas de un blog, y por otro más un diario escrito treinta años atrás que cuenta algo... bueno, aquí me debo callar.

Ahora que empiezo a recibir los primeros feedbacks de lectores me doy cuenta de que la trama de misterio tiene más peso de lo que pensaba. Eso me gusta, porque quería que solo al final supieras qué motiva a estos dos personajes a comportarse como lo hacen.

Por otro lado es una novela de desarrollo lento. No hay un pistoletazo de salida y a correr. Mi idea, y espero haberlo logrado, es que te vaya atrapando poco a poco, que vayas entrando como en una sala de espejos, donde llega un momento que estás atrapada… por supuesto te muestro al final la salida.



¿Qué nos vamos a encontrar al leer tu novela?

Una historia que aúna dos elementos: el misterio y la ternura. En una principio no te lo va a parecer porque la protagonista no es precisamente tierna, y menos con él, pero ya veremos cómo evolucionan los personajes. Quería escribir una novela  donde el lector al final se sorprendiera, se emocionara y pudiera rumiarla durante algunos días. Veremos si lo he conseguido.

Te has ido al valle de Ostara ¿Por qué?

Necesitaba un entorno inaccesible, donde se pudiera ubicar a una comunidad tan especial como la que convive en esta novela. Una especie de Shangri-la. Este valle mítico era el lugar perfecto.

¿A qué tipo de lectores va dirigida?

A todos aquellos, hombres y mujeres, que crean que existen las oportunidades y no tengan miedo de aceptarlas.

Nos presentas a tus personajes...

Creo que os va a gustar Camila. Ha dejado los estudios para ayudar a su madre en un hotel que se derrumba por momentos, en un valle cerrado al que odia tanto como ama. Independiente, motera, escribe en un blog bajo el pseudónimo Lady Expiación, donde pone a parir a los tipos que son como Daniel.

Daniel por su parte es un periodista que llega a este lugar perdido con intenciones esquivas. Un tipo atractivo que no ha tenido nunca problemas para seducir a la mujer que ha puesto en el punto de mira. Cuando conoce a Camila se da cuenta de que es un hueso duro de roer. Pero además, según avanza, comprende que no debe estar cerca de ella pues despierta los instintos del hombre que no quiere volver a ser.

¿Cómo definirías la historia de amor de los protagonistas?

Cuidadosa y complicada. Los dos lo desean pero ambos temen que den un paso que no pueda tener marcha atrás... y después está la culpa.

¿Qué nos puedes contar de los secundarios?

Juegan un papel importante porque todos participan en el misterio del valle, que es casi el misterio de la trama. Quizá destacaría a Ulises y Flora, una pareja que hace de contrapunto a la formada por Daniel y Camila, y que creo que resultarán simpáticos.

Como sé que Karen, la malvada de “Gigoló, el amor tiene un precio”, ha gustado mucho, aviso que aquí también hay malvado.

Nos regalas una escena para abrir boca…

—¡No hay agua! ¡No hay ni una jodida gota de agua!
Camila escuchó la voz por encima de la música de Red Hot Chili Peppers que sonaba en sus auriculares, por lo que llegó a la conclusión de que alguien debía estarlo gritando. En verdad hacía rato que le había parecido oír palabras más allá de la música, pero eran las dos de la madrugada, la puerta de acceso al hotel estaba cerrada con llave y en el edifico, aparte de ella, solo estaba alojado un tipo que debía llevar horas durmiendo… o no.
Solo entonces levantó la cabeza y abrió los ojos, dejando de aporrear la guitarra inexistente que tocaba siempre que escuchaba a los Chili Peppers a solas… y lo vio.
El tipo que estaba delante de ella, justo al otro lado de la recepción, estaba desnudo.
O casi. 
Solo se cubría con la toalla que a duras penas se mantenía atada a su cintura y donde resaltaba, en un azul profundo sobre blanco, el letrero «Hotel Savoy». Pero eso no era lo más extraordinario. Aquel hombre estaba cubierto de espuma. Su cabello se perdía entre una montaña de pompas blancas, y sus hombros, y sobre su pecho. Los ojos enrojecidos podían deberse a eso, o quizá al tremendo enfado que parecía llevar encima. Estaba descalzo y la señal húmeda de sus pisadas atravesaba la alfombra del vestíbulo hasta perderse por las escaleras. 
A Camila no le quedaron dudas, era el único huésped del hotel. 
Tras la primera impresión decidió que lo mejor era darle a aquella situación apariencia de normalidad.
—No tenía por qué haber bajado, señor —le dijo con más inocencia de la que sentía—. Podría haber llamado desde el teléfono de la habitación…
—Y eso he hecho durante quince minutos —dijo él señalándola con un dedo mientras que con la otra mano intentaba que la toalla no se le cayera—, pero nadie me ha contestado, y ahora veo por qué.
Camila decidió que pasaría aquellas malas maneras por alto y, con total parsimonia, decidió dedicar unos segundo a estudiar a aquel espécimen que berreaba delante del mostrador. 
Era bastante alto, mucho más que ella. Por encima del metro ochenta. Lo siguiente que resaltaba era su buena forma física. Aquel tipo debía ser deportista o algo por el estilo. Le vino a la cabeza el rugbi aunque también el waterpolo. Decidió que podía ser atractivo a pesar de parecer en aquel momento un hombre-merengue. Sus ojos se vislumbraban claros, grises o verdosos, aunque ahora estaban inyectados en sangre. Y tenía una boca atractiva, eso era indiscutible. Le llamó la atención un par de tatuajes, uno sobre el pectoral derecho en forma de planta que se retorcía sobre sí misma, y el otro, nada más que una palabra, bajo el izquierdo, que no pudo leer porque estaba semienterrado en aquel mar de espuma. 
Su compañera tenía razón. Era un ejemplar perfecto de Robafuegos, con todas las papeletas para protagonizar un nuevo anuncio de «Invictus». De hecho había elegido para medio cubrirse la toalla en vez del albornoz que debía estar colgado tras la puerta del baño, una señal inequívoca de que aquel tipo tenía un subconsciente Robafuegos a destacar.
—Entonces… ¿puedo ayudarle en algo, señor? —preguntó Camila obviando lo evidente.
Él lo encajó mal y reaccionó poniendo las manos sobre las caderas, lo que le daba un aspecto amenazante.
—¿Usted qué cree?
—La caldera ha debido fallar de nuevo…
—¿Y cómo piensa que me voy a quitar todo esto de encima?
A Daniel aquella mujer le parecía exasperante. Había estado en muchos sitios, en muchos hoteles, pero jamás se había encontrado tan desatendido como allí.
—Quizá haya abusado del champú —dijo ella sin poder apartar la mirada de la montaña espumosa de su cabeza.
Él la observó en silencio durante unos segundos. Entornó los ojos y la miró de una forma que sabía que podía llegar a intimidar.
—¿Se está burlando de mí? Le advierto que no tengo humor para sus payasadas.
Aquello empezaba a ser desagradable. Aquel tipo parecía no tener un ápice de sentido del humor.
—Oiga, que yo no le he faltado al respeto.
—Pues llame a alguien —insistió su huésped—. Busque una solución.
—Son las dos de la madrugada. Nadie se baña a esta hora.
Ya era suficiente que el agua se hubiera cortado a mitad de una ducha. Ya era bastante que en recepción no le hubieran cogido el teléfono. Incluso era excesivo que hubiera tenido que bajar desnudo hasta el vestíbulo para hacerse oír… pero aguantar las impertinencias de aquella mujer sobrepasaba todos los límites.
—Señorita… —se acercó para leer su placa— Blancar… me importa un bledo lo que hagan los demás, me importa un bledo lo que opine usted. Haga lo que deba pero quiero terminar mi ducha. Ahora.
Ella tuvo que inspirar para no darle una bofetada. Su madre no se lo perdonaría. Y menos con el único huésped de aquella semana. El que perimiría que pagaran a la lavandería o al fontanero. No tuvo que rebuscar mucho entre los ordenados papeles de la recepción para encontrar la ficha de hospedaje, e hizo como que la leía.
—Señor… Daniel N. Soto —remarcó la letra solitaria, segura de que eso le ofendería—. No voy a hacer nada. No hasta que amanezca. No hasta que hacerlo sea realmente posible. No voy a despertar a nadie porque a usted le haya apetecido darse una ducha a las dos de la madrugada. Y si le molesta —señaló en dirección a la puerta—, hay un hotel a treinta kilómetros por esa carretera.
Aquel hombre apretó los puños, los abrió y los volvió a cerrar con fuerza. Por un momento Camila estuvo segura de que la toalla se le resbalaría por las caderas.
—Usted…usted.
—Hay más toallas en al ropero —dijo ella dando por zanjada la conversación—. Con limpiarse un poco toda esa espuma al menos parecerá normal.
Él le lanzó una mirada asesina y Camila tuvo la certeza de que acababa de ganarse a un nuevo enemigo. Si aquel tipo hacía una queja formal al día siguiente su madre tendría una larga y tediosa conversación con ella, pero hasta eso podría soportar recordando el placer que le acababa de producir poner a aquel tipo en su sitio.
El huésped, Daniel, sin más se dio la vuelta y subió los escalones a la planta superior de unas pocas zancadas. Sí, debía ser deportista, porque la habitación 204 estaba justo en el otro extremo del edificio y acababa de escuchar cómo la puerta se cerraba de un portazo.

¿Alguna curiosidad?

No busques el Valle de Ostara. No existe. Al menos no físicamente, aunque sí en el mundo de los valles encantados.

Alguna cosa más que quieras comentarnos…

Daros las gracias por permitirme contaros cosas en vuestro espacio. Mil, mil gracias a ti, siempre, por darme esta oportunidad. Un gran beso.


Pues solo deciros que estoy deseando leerlo para entrar en este valle y conocer a los que ahí viven, especialmente a esta pareja tan dispar. Si hay algo con lo que disfruto enormemente es cuando leo historias que empiezan con personajes que, a priori, no se soportan y verlos caer es una toda una delicia. En cuanto lo lea os pongo la reseña... ;)

Ya puedes conseguir esta novela en tu librería habitual, así como en las platafomas digitales como Amazon, Casa del Libro etc...  ¡¡Feliz Lectura!!





lunes, 16 de marzo de 2015

José de la Rosa presenta "Gigoló. El amor tiene un precio"


Una versión moderna del cuento de La Bella durmiente, donde la protagonista despierta a la vida tras el beso del “príncipe”  

Su novio está de viaje, sus amigas ocupadas y María ha decidido hacerlo: contratar los servicios de un gigoló por una sola noche. Sin embargo aquella experiencia de sexo pagado con un desconocido (Allen) quizá sea más trascendente de lo que esperaba. 

Dos años después se encuentran de manera fortuita, cuando ella está a punto de casarse con el hombre de su vida. Así descubre que Allen lleva desde entonces buscándola, y también que una noche de sexo por 500 libras ha podido cambiar sus destinos para siempre. A partir de ahí, María deberá elegir si continúa su perfecta vida tal y como estaba planificada desde que era una niña o si se deja arrastrar por Allen, un hombre tan atractivo como peligroso, y de quien no puede salir nada bueno... ¿Será capaz María de evitar a Allen? ¿Podrá seguir con su vida tras reencontrarse? 

Porque no hay mayor traición que ser infiel a una misma, José de la Rosa nos muestra que es posible salirse del guión y empezar de nuevo. Una historia de amor sobre la belleza de las relaciones imperfectas.

Datos del Libro 

Título: Gigoló. El amor tiene un precio.
Autor: José de la Rosa
Género: Romance contemporáneo
Editorial: Titania
ISBN: 978-84-92916-84-9
Formato: Rústica 22,5 x 15 cm.
Fecha: 13 de febrero de 2015
Páginas: 288
Precio: 17 €

Blog de José de la Rosa


Presentación del 13 de febrero
José de la Rosa presentó este pasado mes de febrero, durante el RA, su nueva novela "Gigoló. El amor tiene un precio". Dicha obra ha sido la ganadora del primer premio Titania. El jurado, compuesto por profesionales especializados en literatura romántica, eligió esta historia como por unanimidad, entre el centenar que optaba a este galardón. 

Durante la presentación, que ya os cuento que fue muy divertida lo conocimos un poco mejor y, por ejemplo, nos contó la experiencia de ganar el premio Titania, de la gran emoción que tenía, hasta que se dio cuenta que no podía decírselo a nadie todavía, pues no era oficial aún. El autor también nos explicó que "Gigoló. El amor tiene un precio" es su novela más romántica hasta el momento y una anécdota muy divertida fue cuando dijo que él con frío no escribe, así que de octubre a marzo solo se documenta y en los meses más cálidos escribe la historia. 

Pero vamos a ver que más nos cuenta sobre esta novela... 

¿Por qué escribiste esta historia?

Ante todo quiero daros las gracias por darme la oportunidad de hablar de mi novela con vosotros y vuestras lectoras. Gracias, gracias, gracias.

Creo que cada novela tiene una razón de ser. GIGOLÓ, EL AMOR TIENE UN PRECIO surge a partir de una situación que acontece en mi entorno, y es una separación. No sé si os pasa a vosotras, pero cuando la gente que quieres sufre a causa del amor se genera rumor. En este caso me hizo pensar en el precio de amor. No el precio económico (ese es el guiño del título), sino en el precio emocional. Porque para que el amor funcione hay que amar al 100% y sin dejar de ser uno mismo. Esa fue la idea inicial y para materializarla cree al personaje de María, la protagonista, que tendrá que enfrentarse a una dura prueba. 

¿Qué nos vamos a encontrar al leer tu novela?

Vais a encontraros con una novela romántica (no erótica a pesar de que el título pueda despistar) donde los personajes tienen que aprender a amar siendo ellos mismos. Creo que es la novela más romántica, en el sentido puro del término, que he escrito hasta la fecha. Sentimiento y amor, eso encontrareis. 

¿No te parece arriesgado el tema de la infidelidad?

Depende de cómo se trate. Sin intentar compararme, por supuesto, pero puedo adivinar sin casi equivocarme que si preguntamos a las lectoras que leen esta entrevista por sus 10 novelas románticas favoritas incluirán “Forastera” de Diana Gabaldon. Esa novela también incluye una infidelidad pero la autora la trata con tal maestría que una lectora tipo de novela romántica no se siente ofendida. En GIGOLÓ, EL AMOR TIENE UN PRECIO por supuesto no se hace apología de la infidelidad. Es solo una circunstancia y creo que el lector, sin compartirlo, puede llegar a entenderlo.

¿A qué tipo de lectores va dirigida?

Escribo para cualquier lector que le guste la novela romántica. Las encuestas nos dicen que un 85% son mujeres.

¿Nos presentas a los personajes con lo mejor y peor de cada uno?

María es el eje central de la novela. Es una mujer que aparentemente lo tiene todo: un hombre perfecto con el que se casará en unos meses, buenos amigos, buen trabajo, un buen futuro… sin embargo. Allen, el protagonista masculino, es alguien de quien cualquiera no se fiaría, pero quizá cuando lo leas, te des cuenta de que prejuiciar a los demás no es lo más adecuado.

De María destaco que es una mujer de carne y hueso, que a veces amarás y otras odiarás, pero en todo caso es como muchos de nosotros. Alguien que se equivoca y toma decisiones erróneas en su vida.  Allen es alguien que tiene claro lo que quiere y ese algo tiene un nombre femenino. Aun así sabrá reconocer dónde quedan los límites.

¿Qué nos puedes contar de los secundarios? 

Para mí los secundarios son apasionantes porque mientras con los protagonistas intentas no sacar los pies del plato con los secundarios puedes permitirte lujos como escritor que te llevan a nuevos caminos. Creo que odiarás a Karen y amarás a “Las madres”. No te cuento más, pero hazme caso.

¿Cómo definirías la historia de amor de los protagonistas?

Intensa, hermosa y real.

Nos regalas una escena para abrir boca… 

—María —Volvió a llamarla Karen y ella se dio cuenta de que debía reaccionar antes de que alguien empezara a sospechar que algo no iba bien.

Sin mirarlo dejó la bandeja sobre la mesa y fue hasta donde su amiga la esperaba. La mayoría de los invitados ya estaban acomodándose aunque no veía a Edward por ningún lado. Hacía un momento estaba allí y ahora... Sintió cierto alivio. La conocía tan bien que sabía que su turbación no le hubiera pasado desapercibida.

Solo cuando estuvo junto a Karen se atrevió a mirar de nuevo a aquel hombre brevemente a los ojos para ver si él la había reconocido. En ese momento le pareció apreciar confusión y sorpresa, aunque no estaba segura. Fue tan breve que no supo qué opinar y a pesar de ser una mirada fugaz notó cómo su corazón se aceleraba  dando paso a un miedo irrefrenable.

Poco había cambiado en él en estos años. Quizá el cabello más corto y la barba más crecida. Por lo demás debía reconocer que seguía siendo el mismo tipo guapo y atractivo que una única vez recorrió su cuerpo palmo a palmo, pulgada a pulgada hasta hacerla estremecer de placer. Ahora sin embargo solo le provocaba miedo, pavor. Aquel hombre, si llegaba a identificarla, podía destruirla. Un solo comentario y toda su vida se desharía como un helado al sol.

—Éste es Allen —dijo su amiga sin percatarse del tsunami que se estaba formando dentro de ella—. No me digas que no es encantador. Elissa siempre nos sorprende con sus acompañantes.

María no sabía su nombre. En aquel encuentro ninguno de los dos lo había pronunciado. Tampoco se atrevía a mirarle a los ojos de nuevo. Alzó ligeramente la vista pero solo hasta donde él le tendía la mano. Era grande y fuerte, con la piel tostada por el sol. La estrechó de forma fugaz, como si quemara, sintiendo otra bocanada de pánico al recordar que aquellos largos dedos habían estado dentro de ella, en lo más íntimo, jugando y acariciando hasta arrancarle sensaciones nunca antes conocidas. Él se resistió un momento a dejar que su mano escapara, lo que hizo que María lo mirara a los ojos por segunda vez. Lo que vio la desarmó por completo: curiosidad y sorpresa. Ahora estaba segura y aterrorizada. Aquel hombre estaba preguntándose si no la había visto antes. María apartó los ojos al instante. Quizá ésta había sido la primera vez que se enfrentaba a aquellos iris azules directamente. Durante aquella lejana noche había evitado mirarlos. No quería recordar al tipo que la estaba arrastrando a una cama de hotel sin apenas hablar. Se sorprendió de su color. Los recordaba hermosos pero no tanto. Decían que el diablo era así, una mezcla de belleza y maldad. Había soñado muchas veces con aquel hombre que ahora tenía delante. Más de las que se atrevía a reconocer, y siempre habían sido sueños húmedos. Sueños en los que se le escapaba un gemido, apretaba los muslos y terminaba haciendo el amor con su prometido, asombrado y satisfecho de que su chica lo asaltara de aquella forma salvaje en mitad de la noche. El pánico y también la esperanza se debatían en su interior. Quizá ni la reconociera. Al fin y al cabo un hombre como aquel disfrutaría de una amplia cartera de clientas y ella solo había usado sus servicios en una única ocasión ya casi olvidada… Las palmas de las manos las tenía húmedas y notaba cómo las rodillas le temblaban. Nunca había sentido algo similar: una sensación de inseguridad, de desasosiego, de encontrarse ante un abismo y tener ya un pie en el aire.

—¿Ya te han presentado a mi prometida? —preguntó Edward apareciendo a su lado y tomándola por la cintura. Fue un gesto tierno y a la vez posesivo. Como una señal de que aquella mujer era suya, solo suya, y un tipo tan bien plantado como Allen no debía aspirar a nada con su chica.

—Intentaba hacerlo —dijo Karen tan envarada como se ponía cuando las cosas no salía como había planeado—. Y ella es María,  la prometida de nuestro homenajeado y una amiga inigualable. Se casan en unos meses y les estoy preparando la mejor boda que verá Londres en muchos años.

Allen los observó a ambos. Su mirada era fría, quizá distante, aunque a la vez no dejaba de ser agradable. ¿Se percibía un deje burlón en aquellos ojos o era como si no comprendiera qué estaba sucediendo a su alrededor? Había metido las manos en los bolsillos de los pantalones lo que podía ser una forma de controlarlas cuando no sabía qué hacer con ellas, o simplemente un gesto de suficiencia. Se humedeció los labios mientras se centraba en aquella chica tan bonita que le acababan de presentar, algo que escapó a la mirada de María, que en aquellos momentos estaba concentrada en la alfombra y rogaba porque todo terminara, porque una cena tan esperada como aquella acabara y aquel tipo desapareciera de su vista por siempre jamás.

—Encantado, María —Allen liberó una mano para rascarse la cabeza en un gesto fresco y encantador—. ¿No nos hemos visto antes? Tu cara me resulta familiar.

—No lo creo —respondió ella de forma más precipitada de lo que pretendía, asaltada de nuevo por el temor a ser reconocida. Aquella voz, aquel modo de tocarse… Si no salía de allí le entraría un ataque de ansiedad y entonces todo estaría perdido.

—María trabaja en el centro. Cerca de Leicester. Quizá os habéis cruzado…

—No lo creo —volvió a repetir María sin poder contener el pánico que la atenazaba—. ¿Por qué no nos sentamos? El rosbif terminará enfriándose.

—¿Te encuentras bien, cariño? — preguntó Edward apartándole un mechón desvaído de la frente—. Tienes las mejillas ardiendo.

Ella sonrió y le quitó importancia.

—Es el calor —dijo intentando separarse de Allen—. La chimenea debe de llevar demasiado tiempo encendida.

No esperó una respuesta y se dirigió a la mesa, donde ya estaban sentados todos los demás. Por suerte a Edward y a ella les habían guardado asientos en la cabecera mientras que Elissa había reservado una silla para su acompañante justo al otro lado del comedor. Eso al menos le permitiría no tener que conversar con él. Y sobre todo evitaría que le hiciera preguntas que no sabría contestar. Aquello era algo que jamás había esperado. Le habían garantizado discreción absoluta y ahora aquel tipo… Otro ramalazo de miedo azotó su espalda provocándole un escalofrío.

La cena se animó al instante. Edward era perfecto para eso. Lanzó un brindis por su prometida, por su residencia, por sus amigos y por casi cualquier cosa que se le ocurrió, lo que hizo que en muy poco tiempo el vino calentara los espíritus de los comensales y desatara las lenguas con risas y anécdotas entretenidas. De todos menos el de María, que no podía apartar de su cabeza que aquel tipo estaba allí, sentado junto a sus amigos, cerca de su prometido, y que sabía algo que de hacerse público…

Durante la cena aquella misma desazón la obligó a mirarlo un par de veces y en las dos sus ojos se cruzaron. No es que quisiera hacerlo, todo lo contrario. Pero su turbadora y amenazante presencia era tan poderosa que la llamaba sin palabras, como un maleficio. Como un perfume. Sí. Así lo definiría. Como un aroma maligno e impertinente, pero a la vez delicioso, que la obligaba a buscar su origen. La primera vez ella apartó la vista asustada, como si hubiera sido una casualidad, pero la segunda él le sonrió. María notó al instante que la sangre acudía a sus mejillas y que el tenedor temblaba en su mano. De nuevo aquella sensación de angustia, de ansiedad, de desprotección. No estaba segura de qué era lo que le pasaba. Si se debía al pavor a ser descubierta o simplemente al indudable magnetismo de aquel hombre. Solo deseaba salir. Marcharse de allí y olvidarse de una vez por todas de una locura que había cometido en el pasado y que podía salirle muy cara en el presente. Vio la ocasión cuando los comensales se levantaron de la mesa para tomar unas copas en el salón anexo.

Se entretuvo tanto como pudo, esperando a que todos salieran del comedor.

—Creo que voy a marcharme —le dijo a Edward ya en privado.

—¿Te encuentras bien? Me tienes preocupado. Apenas has comido.

Ella le quitó importancia e intentó sonreír, aunque le costó más de lo que esperaba.

—Abstemia primaveral —se excusó, acariciando el rostro de su prometido. Era un buen tipo y estaba segura de que quería pasar el resto de su vida con él. Cuando se descubrió pensando aquello se turbó aún más—. Ya sabes que siempre me pasa factura en esta época del año.

Él también sonrió. Llevaban tanto tiempo juntos que era capaz de interpretar cualquier gesto de su rostro, pero hoy no era así. La reacción de María lo tenía un poco desconcertado. «Cosas de mujeres», pensó.

—De acuerdo. Voy a por mi chaqueta y nos vamos.

—No —dijo ella reteniéndolo por el brazo—. Quédate tú. Karen no nos perdonaría que nos fuéramos los dos. Es su fiesta y sabes cómo se pone si algo no sale perfecto. A mí sabrá disculparme.

Él lo dudó aunque ella sabía que marcharse no era precisamente lo que Edward deseaba. Jamás desaprovechaba la ocasión de estar con sus amigos y pasarlo bien.

—¿Seguro?

María le dio un beso en los labios, cálido y ligero.

—Seguro. Despídeme de la troupe. Tomaré un taxi en la esquina.

Sin decir más se encaminó a la puerta. No podía estar ni un segundo más allí, cerca de aquel tipo tenebroso. Tampoco cerca de Edward. La conocía tan bien que no tardaría en darse cuenta de que algo andaba mal y no pararía hasta que se lo contara. El miedo a ser descubierta no había disminuido y era una sensación que la hacía sentir como una presa que percibe la presencia de su depredador. Ahora necesitaba estar sola antes de que aquella ansiedad se intensificara y el aire dejara de entrar en sus pulmones. Caminar y despejarse. Intentar poner tierra de por medio con aquel hombre que había aparecido de nuevo en su vida como una pesadilla.


¡¡Vaya escenaaa!! ainss quedamos intrigadísimasss ¡vaya momentazo de "Tierra Trágame"... Muchas gracias por pasarte por aquí José y contarnos un poco más de tu novela.

Bueno, pues ya conocemos un poco mejor a José de la Rosa y su novela "Gigoló. El amor tiene un precio" yo ya la tengo y en ahora, después de esta entrevista, tengo más ganas que nunca de leerla. Si no la tienes aún la puedes encontrar sin problemas en tu librería habitual o, por ejemplo, en la web de la editorial

En unos días pondré la reseña que ya está preparando Laura Caballero para Regálame Romántica y según me ha contado ¡¡le ha encantado!! así que no te la pierdas...


¡¡Feliz Lectura!!