Mostrando entradas con la etiqueta Pilar Cabero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pilar Cabero. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de mayo de 2014

Pilar Cabero nos presenta "Algo Inesperado"




Martina es profesora de educación infantil, divorciada y con un hijo de ocho años. Es feliz con su vida tranquila, sin más sobresaltos que las citas a ciegas que su amiga Carla le organiza.

Ander es instructor náutico y le gusta vivir la vida sin comprometerse, disfrutando del mar y de los amigos.

Pero todo cambia cuando Martina se muda al edificio y tropieza con Ander, su simpático y atractivo vecino, por el que se sentirá fuertemente atraída. Él, por su parte, intentará conquistar a esa vecina que lo excita tanto. Sin embargo, los diez años que los separan escandalizarán a quienes los rodean, porque cuando el más joven es él...


Datos del Libro: 

Editorial: Zeta Bolsillo (14 de mayo de 2014)
Colección: Inedito (B de Bolsillo)
ISBN: 978-8498729511
Formato: Tapa Blanda
Género: Contemporáneo
Páginas:  496 págs.
Idioma: Español

Blog de la Autora: http://pilarcabero.blogspot.com.es/


Presentación de "Algo Inesperado" la primera novela contemporánea de Pilar Cabero

El pasado 14 de mayo Pilar Cabero nos presentó su nueva y esperada novela, "Algo Inesperado" la primera que nos presenta de género contemporáneo. ¿Queréis saber de que va? la sinopsis ya nos da una pista:

Ander es instructor náutico y le gusta vivir la vida sin comprometerse, disfrutando del mar y de los amigos.

Martina es profesora de educación infantil, divorciada y con un hijo de ocho años. Es feliz con su vida tranquila, sin más sobresaltos que las citas a ciegas que su amiga Carla le organiza. 

Pero todo cambia cuando Martina se muda al edificio y tropieza con Ander, su simpático y atractivo vecino, por el que se sentirá fuertemente atraída. Él por su parte, intentará conquistar a esa vecina que lo excita tanto. Sin embargo, los diez años que los separan escandalizarán a quienes los rodean, porque cuando el más joven es él...


Una pincelada…


"«Hay mañanas en las que deberías haberte quedado en la cama», pensó Martina, mientras veía, impotente, como se desperdigaba el contenido de su bolso por el suelo.
Había tropezado con una bola pequeña y peluda, que se escurrió entre sus tobillos al tiempo que ella entraba en el portal. Ahora estaba en el suelo, intentando levantarse y muerta de vergüenza. El sentido del ridículo suele aparecer cuando hay alguien para verlo. Y claro, allí estaba él. Un joven de ojos tan azules que hubieran hecho llorar de envidia al mismísimo Paul Newman. 
El motivo de su vergüenza no era haberse caído cual árbol recién talado; eso era lo de menos. La razón era el vibrador que su amiga Carla le había regalado ese día por su cumpleaños y que ahora, en marcha, reptaba por aquel suelo de mármol como si fuera un gusano epiléptico. 
—Lo siento mucho. ¿Te has hecho daño? —preguntó él, ofreciéndole la mano—. El pobre Coco llevaba todo el día sin salir. Lo siento. Eres la nueva del segundo ¿no? —Martina aceptó aquella mano grande y cálida para levantarse—. Soy Ander, el del ático.
—Martina —murmuró. Sentía la cara como un tomate maduro. 
Sin atreverse a mirarlo, se abalanzó a por las hojas de los ejercicios, que había llevado para corregir, y a por el vibrador, antes de que su vecino lo descubriese. Por desgracia no fue lo suficientemente rápida; en dos zancadas él ya lo había cogido, desconectado y… ¡estaba leyendo el nombre que la loca de Carla había escrito con rotulador indeleble junto al botón de encendido!
—Creo que tu amigo Lobezno tenía ganas de jugar.
Martina lo tomó para lanzarlo al fondo del bolso, de donde nunca habría debido salir. La cara le ardía como una estufa al rojo.
«Tienes treinta y ocho años. ¡Por Dios! Puedes tener un vibrador o una docena y a nadie le importa.»
Intentando calmarse, se atrevió a mirar a su vecino. Sus ojos seguían siendo espectaculares. Había sido su poder de atracción el culpable de que al entrar no viera al pequeño bicho peludo. Ahora había descubierto que tenía un hoyuelo en la mejilla izquierda. Desde luego, estaba muy, pero que muy bien. Lástima que fuera tan joven; seguro que ella le sacaba al menos diez años. Una pena.
—Gracias. Me lo acaba de regalar mi amiga. Ella le ha puesto ese nombre —explicó, intentando controlar la vergüenza. 
—No está mal —asintió, sin apartar los ojos de ella.
Tenía una forma de mirar con tanta atención que Martina se quedó prendada sin darse cuenta. Luego, como volviendo en sí, se agachó para recoger todo aquel batiburrillo de bolígrafos, cartera, móvil, brillo de labios, distintas piezas de Playmobil, toallitas húmedas y demás enseres, para devolverlos al enorme bolso. Al incorporarse, Ander ya tenía todas las hojas de ejercicios en las manos.
—Eres “profe”. —Su hoyuelo hizo una fugaz aparición al tiempo que hacía un gesto con las cejas, como si el detalle le resultara gracioso.
—Pobrecito Coco, ¿te han dejado solito en la calle? —dijo un joven pelirrojo al entrar en el portal. Llevaba un Yorkshire en los brazos. Al ver a Ander se le iluminó la mirada—. ¡Hola, corazón! Acabo de encontrarme a Coco. ¿Cómo es que estaba suelto y solo? —Se acercó para dar un par de besos en las mejillas a Ander antes de dejar al perro en el suelo y sacudirse las mangas de su americana azul turquesa.
—Hola, Leo. Hemos tenido un accidente. Estaba ayudando a mi nueva vecina a recoger sus cosas. —Se volvió hacía ella—. ¿Lo tienes todo?
—Sí. Gracias —Les sonrió a los dos y muy digna, sin esperar al ascensor, subió los dos pisos andando.
Bueno, pues resultaba que su vecino no solo era unos diez años más joven que ella: además era homosexual. Eso terminaba con cualquier posibilidad.” 

“Ander se pasó la mano por el pelo para retirarlo de la cara, antes de llamar al timbre.
Podría haber echado el presupuesto en el buzón y ya estaba, pero tenía ganas de verla. A decir verdad, había estado pensando en ella durante toda la semana anterior. El sábado hasta le había parecido verla en la discoteca, pero fue un instante tan fugaz que creyó haberlo imaginado. Había algo en Martina que lo atraía en demasía.
La puerta se abrió un poco y el rostro arrebolado de su vecina apareció en el vano. Tenía el pelo recogido con un par de lápices y llevaba… ¡gafas! Unas con montura de pasta negra que enmarcaban sus ojos pardos. Estaba para comérsela, pensó. Su fantasía erótica hecha realidad. Solo le faltaba llevar una regla en la mano y… nada más. Casi se le descolgó la mandíbula al imaginarlo, mientras la sangre recorría sus venas a toda velocidad.
—Hola —saludó ella, mirándole a través de aquellas gafas tan sexy.
—¡Hola! Te traigo el presupuesto —comentó, apoyando la mano en la jamba de la puerta—. ¿Quieres que lo revisemos juntos? —«A poder ser, en la cama.»
—Me pillas en mal momento… estoy con la ducha de Jon y… —Volvió la cabeza para mirar hacía dentro de la casa; luego se giró de nuevo—. Será mejor que pases. No me gusta dejarle solo en el baño. Pasa y espérame en el salón, por favor.
Abrió un poco más la puerta para dejarle pasar y esperó a que lo hiciera para cerrarla y regresar junto a su hijo.
«Te esperaré donde quieras y como quieras», pensó Ander, sentándose en uno de los sofás. «No tengo prisa.»
Era cierto: se encontraba a gusto en aquella casa. Era acogedora y funcional. Su casa también lo era; Leo había hecho un trabajo magnífico en ella, pero la profe no estaba allí. Se la imaginó en su cama, atada al cabecero de hierro, y tuvo que cambiar de postura para que la repentina erección no le incomodara demasiado. Se quitó la cazadora para taparse, por si acaso ella regresara antes de que estuviera presentable. No convenía mostrarse antes de tiempo.
«Pues empieza a pensar en otra cosa, chaval», se ordenó, tamborileando con los dedos en las rodillas.”

Después de leer este avance ¿te la vas a perder? ¡¡Yo seguro que noooo!!  

miércoles, 26 de febrero de 2014

Pilar Cabero nos presenta "El Destino también Juega"



Desde que sufriera el accidente que lo licenció del ejército, Gastón Bonnet se dedica a cazar delincuentes por Francia, mientras ahorra para terminar de pagar y arreglar los múltiples desperfectos del caserón que comprara unos años antes en Montbonnet, una pequeña población de su Auvernia natal.

Émilie Laforet, una joven del lugar, ha rechazado a su último pretendiente. Su padre, harto de esperar a que encuentre el hombre adecuado, le pone un ultimátum: o se casa con el hijo de un amigo, que vive en Pamplona, o toma el velo. La decisión no es fácil, pero termina aceptando la boda.

Puesto que los caminos están llenos de salteadores y con ellos deben llevar la dote, el coronel Laforet contrata los servicios de Gastón para que les acompañe hasta la ciudad navarra, ofreciéndole un trato difícil de rechazar.

Pese a que el viaje no lo es, Émilie terminará complicándolo y Gastón deberá protegerla hasta llegar a Pamplona, pero ¿quién les protegerá de los juegos del destino? 


¡¡Por fin llego el día!! Hoy 26 sale a la venta El Destino también Juega de Pilar Cabero. Lo hace de la mano de  Ediciones B, en su sello Vergara. En esta novela conoceremos mejor el personaje de Gastón Bonnet, que ya apareció en Asedio al Corazón


Una pincelada de lo que encontraremos...

"Al mirar al frente descubrió algo que hundió todavía más su estado de ánimo: las nubes oscuras que se acercaban por el horizonte no presagiaban nada bueno. ¿Qué más podría estropear el día?
En ese momento Mimí salió del edificio con una tela encerada doblada entre los brazos. Su blusa seguía tan en precario equilibrio como la noche anterior. Balanceando las caderas como si fuera apartando el aire a los costados, se acercó al capitán. 
Émilie estaba segura de que Gastón, desde su altura, podía ver hasta el ombligo de la joven a través del escote de la blusa. Y a juzgar por la sonrisa llena de hoyuelos que lucía, eso era precisamente lo que estaba haciendo. ¡Maldito patán!
—Os traigo la tela que habíais pedido. Espero que os sea de ayuda —susurró Mimí.
—Seguro que sí, querida —contestó él, como una caricia—. Aunque no es para mí. Las de la carreta la necesitan más.
Émilie apretó las manos entre sí y rechinó los dientes. No aguantaba más.
—Creía, capitán, que teníamos prisa por partir —comentó, destilando falsa dulzura. 
Mimí se giró a ella con una mueca antes de volver su mirada a Gastón.
—¿Regresaréis pronto?
—¿No teníais prisa, capitán? —insistió Émilie, acomodándose en la carreta.
La moza le dirigió una rápida mirada de rencor.
—En cuanto termine este trabajo —contestó Bonnet; toda su atención puesta en Mimí.
—Espero que me hagáis otra visita —ronroneó ella.
—No lo dudes, querida —añadió él, al tiempo que espoleaba al caballo para ponerse en marcha—. No lo dudes. 
¡Cómo odiaba a ese hombre!, pensó Émilie, los dientes tan apretados que podría habérselos partido. 
—A ti y a todas las trotonas de aquí a París —masculló Émilie, sin poderse contener."



"Señorita Laforet, vuestro padre me ha confiado vuestro cuidado -esclareció Gaston, tratando de mantener la calma-. He consentido que nos detuviéramos las cuatro veces anteriores, pero ninguna más. Yo decidiré cuándo y dónde pararemos. He de cumplir con la fecha acordada y no voy a admitir más demoras por vuestros caprichos.
-Capitán Bonnet, no podéis...
-Señorita Laforet, puedo -cortó, al borde del enfado. Su caballo se revolvió inquieto y él le palmeó en el cuello para calmarlo-. Os aconsejo que dejéis de importunar en lo que queda de viaje."

"Cruzaron todo el pasillo hasta llegar a la última puerta. El capitán la abrió y dejó que ella pasara primero.
Nada la había preparado para lo que vio. Era un cuartucho diminuto, con una ventana tan pequeña que no habría pasado ni un gato famélico. Bajo el camastro, con más bultos que la tierra hollada por todo un regimiento de caballería, se veía un orinal desportillado y un tanto oscurecido por el uso y la mala limpieza.
Émilie se giró para expresar su completo desagrado, pero la ceja alzada del capitán le quitó las intenciones. 
—Espero que la habitación sea de vuestro agrado.
¿Había una nota de humor en aquellas palabras?, se preguntó ella, dispuesta a no evidenciar nada. Pero sí, no había duda de que él estaba disfrutando con aquello. 
—Sí, por supuesto. Tiene todo lo necesario —manifestó con frialdad—. Si podéis pedirle al posadero un par de mantas más para Clarisse, os estaré muy agradecida.
—No hay problema, alteza. —La última palabra fue dicha en un susurro, aunque lo suficiente alto como para que sólo ella lo oyera.
Émilie fingió no haberlo escuchado y terminó de entrar en aquel cuchitril, cuidando de no tocar nada. Clarisse, que hasta ese momento no había visto nada por estar tras el capitán, no tuvo remilgos en expresar lo que pensaba de aquel sitio.
—¿A esto le llamáis habitación? He visto cochiqueras más limpias que esto.
—Era la última. O ésta o dormir en el carruaje —masculló él con los brazos cruzados, como un coloso.
—Y vos ¿dónde dormiréis? —indagó Clarisse sin dejarse amilanar.
—En la puerta. 
—¿Fuera? ¿En el suelo?
—¿Acaso preferís que lo haga dentro? —preguntó, mostrando los hoyuelos como un chiquillo."


 
¿Te gustaría leer los primero capítulos? 
pues haberlo dicho, aquí los tienes...
¡¡Feliz Lecturaaaa!!